18 de marzo de 2026

Contra el asedio medieval a Cuba

ACO denuncia a Estados Unidos ante la ONU por intento de genocidio del pueblo cubano

ACO

Edificio en la plaza de La Revolución, en La Habana, Cuba /  Alex Proimos

El bloqueo contra Cuba es el más largo de la historia. Dura ya más de 60 años. EE.UU. ha tratado por todos los medios de acabar con el régimen comunista que gobierna la isla desde la Revolución de 1959. El aislamiento económico y energético ha causado daños irreversibles a sucesivas generaciones de cubanos. No es posible saber cómo habría evolucionado el régimen en otras circunstancias, pero sí sabemos que ningún país del mundo ha sufrido nunca un acoso tan continuado y despiadado, dirigido a afectar la vida y la salud de su población. 

El embargo se apoya en centenares de leyes aprobadas por Estados Unidos y destinadas a prohibir y castigar cualquier acto de comercio con Cuba. Incluso aquellos protagonizados por personas o empresas de terceros países. Una telaraña que se ha ido cerrando con los años hasta el absurdo más inhumano. Se castiga a cualquier empresa que invierta en la isla, a quien le venda productos, incluso a quien viaje allí. Hoy, en un contexto mundial en el que no parece haber contrapeso para el poder estadounidense, esto es prácticamente una sentencia de muerte. Por poner un ejemplo simple, Cuba no puede utilizar dólares en sus transacciones internacionales, lo que a su vez le impide recibir préstamos y ayudas de entidades como el Banco Mundial. 

El embargo es ilegal. Atenta contra los principios básicos del derecho internacional, y de hecho ha sido condenado por Naciones Unidas en más de 30 ocasiones. Eso no ha servido para frenar a ningún presidente del país que ahora mismo se dedica, con Israel, a torpedear los cimientos del humanismo y del derecho internacional. 

En un intento de asfixiar aún más a la isla, durante el primer mandato de Donald Trump, EEUU impuso una política de sanciones a cualquier naviera que exportara petróleo desde Venezuela a Cuba. En 2025, Trump reforzó el bloqueo añadiendo numerosas prohibiciones, como la del envío de remesas o los viajes vacacionales de ciudadanos norteamericanos. Este mismo año, tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la ocupación de la economía venezolana por los norteamericanos, las medidas se han endurecido hasta el punto de impedir absolutamente la llegada de petróleo a la isla. 

Sin combustible ni energía, Cuba está abocada a la miseria y a un hundimiento de consecuencias imprevisibles. Sin petróleo no hay luz eléctrica y no se pueden conservar los alimentos ni los medicamentos. Los hospitales no pueden funcionar. El transporte se ha paralizado, de modo que la gente no puede trabajar y no llegan alimentos a los puntos de distribución. En muchos puntos no es ni siquiera posible bombear agua potable. 

El pueblo cubano, siempre solidario con el resto del continente y el mundo, sufre hoy un intolerable asedio medieval. La teoría de Trump es que si provoca el hambre, el exilio o la muerte de la población, esta acabará por levantarse contra el régimen. Mientras consigue o no ese objetivo, el asedio de diez millones de personas supone un crimen contra la humanidad. El hecho de que por ahora no estén cayendo bombas no significa que no estemos ante un intento de aniquilar a la población. Presentar este intento de genocidio como una necesidad de la lucha contra el comunismo sonaría ridículo si no fuera tan real. 

Nadie con un mínimo de humanidad puede permanecer callado ante esta atrocidad. Justificar el asesinato, la hambruna y la tortura de la población civil alegando motivos ideológicos es inaceptable. No existen víctimas perfectas, y es evidente que 65 años de gobiernos bajo asedio han generado formas indefendibles de corrupción, ineficacia e inmovilismo. Pero los culpables de los bloqueos nunca son los pueblos que los sufren, sino los criminales que los aplican. 

Sería deseable que la vieja utopía revolucionaria de José Martí deje paso a otra utopía en la que las cubanas y cubanos puedan decidir su destino de manera libre, soberana y autónoma, sin presiones ni injerencias neocoloniales. Pero, para que eso pueda suceder, lo primero es que terminen el embargo y el bloqueo, y que Trump saque sus criminales manos de Cuba. 

Por tanto, pedimos al Gobierno español que tome todas las medidas a su alcance para acabar con el asedio que sufre el pueblo cubano. Y animamos a la sociedad española a enviar toda la ayuda y la solidaridad posible, donando en las muchas campañas y recogida de material médico, energético o de ayuda básica que ya están en marcha. 

Por último, las y los abajo firmantes, socias y seguidoras de la asociación sin ánimo de lucro ACO, vamos a denunciar a EE.UU. por intento de genocidio del pueblo cubano ante el Alto Comisionado Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU. 

IMPULSA

Asociación Acción contra el Odio

Primeras firmas

Yayo Herrero

Miguel Mora

Joaquin Urías

Manuel Rivas

José Antonio Martín Pallín

Jesús Ceberio

Mónica Andrade

Gerardo Tecé

Nuria Alabao

Ignacio Sánchez-Cuenca

Pastora Filigrana

Pilar del Río

Soledad Gallego-Díaz

Vanesa Jiménez

Xosé Manuel Pereiro

Paco Cano

Adriana Mora

Antonio Tena

Belén Barreiro

Carmen de la Ossa

Jaime Fernández

Sebastiaan Faber

Steven Forti

Emilio de la Peña

Julián Macías

Germán Labrador

Guillem Martínez

Alvaro Guzmán

Emiliano Gullo

Elisa Mora

Elena de Sus 

Diego Delgado

Álex Blasco

Pilar Ruiz Gutiérrez

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